¿QUÉ SON ESAS GANAS LOCAS?

¿Qué son esas ganas locas de salir corriendo que me apremian? ¡Qué poco aprecio le tenía a la palabra libertad!

Entre mis dedos, lentamente, se desvanecen girones de tiempo. Imagino la mullida hierba a los pies de un roble, cuyas ramas desbordadas de líquenes y musgo, se alargan en un intento de tocar la bóveda celeste. Cientos de sonidos susurran desde la espesura y escucho atenta como respiran las plantas, como florece la primavera. Es la armonía de los sonidos de la naturaleza. A mi alrededor, prados colmados de amapolas, malvas y nomeolvides se mecen en una deslumbrante sinfonía. Me imagino con guirnaldas en el pelo, girando descalza, aspirando lentamente la tormenta lejana. El azul del cielo ha cambiado. Huele a tierra fecunda, huele a Gaia, a Pachamama.

La tierra que nos cobija, se cura, pero también nos cura a nosotros de nuestra propia codicia, de nuestro ego desbordante. Vivíamos muy de prisa. ¡Vivíamos tanto hacia afuera! y ¡tan poco hacia adentro! Todavía no entendemos que somos pura energía, que somos seres interconectados.

Nos hicieron creer que el incremento del consumismo alimentaba nuestro bienestar, cuando la felicidad solo se puede encontrar en las cosas sencillas, en las cosas pequeñas. La geopolítica nos hace esclavos dependientes de un sistema que tiene que variar el rumbo. Lo que sufrimos ahora es producto del deterioro que estamos provocando en el planeta. Nuestra supervivencia radica en un cambio de valores que nos haga responsables de nuestros actos para las generaciones futuras. De momento, esta crisis nos ha enseñado una palabra hermosa que se llama solidaridad y que constituye el valor más humano de las personas. Como dice Jorge Bucay en su libro El camino del encuentro:

Habrá que encontrar el rumbo y empezar a recorrerlo. Y posiblemente, habrá que arrancar solo y sorprenderse al encontrar más adelante, en el camino, a todos los que seguramente van en la misma dirección que nos obligar a ir más allá.

Carmen

¿OPERACIÓN BIKINI?

Verano a la vuelta de la esquina y en algunas de nuestras cabezas rondando la dichosa operación bikini. Qué tremendo. Ha creado hasta frase propia. Me encantaría saber quién dicta los cánones de belleza para decirle que no estoy de acuerdo con las dietas draconianas ni con las férreas tablas de ejercicios para sacar una tableta abdominal que te deja la barriga a cuadros. Se puede engañar a la fuerza de la gravedad con un sacrificio enorme. Estoy cansada de hacer sentadillas, máquinas de step y no hago spinning porque no me gusta nada, al final, mis nalgas, en cuanto me despisto un segundo vuelven a buscar la cuesta abajo. Hace ya tiempo que vengo valorando si merece la pena tanto sacrificio cuando puedo conseguir buenos resultados de manera más cómoda y digo buenos resultados porque no aspiro a tener el cuerpo felino de una chica de 20. Estoy a prendiendo a aceptar los cambios en mi cuerpo sin tanta tragedia, antes sufría por todo y me tiraba emberrinchada todo el día si no se me notaban los músculos, los tendones y hasta los huesos. Ya lo dije en un post antiguo, la operación bikini no empieza en primavera, se trabaja todo el año. Yo me he apuntado a los paseos en bicicleta aunque sea engorroso cargar con ella, soy adicta a las caminatas que me permiten contemplar el paisaje y sosegar la mente (esto lo descubrí porque tenía extrasístoles y el cardiólogo me lo recomendó) hago Yoga con estiramientos y recurro a toda la aparatología y cosmética reafirmante que me ayuda de una manera alucinante. Mucha gente me comenta que hable de mi dieta pero es que no llevo una dieta mágica, como de todo exceptuando fritos, carne roja, salsas, bollería y productos procesados aunque los fines de semana me la salto un poquito y el chocolate negro me encanta. En fin que me enrollo, hay muchas maneras de buscar la felicidad y creo que ésta es una de ellas. Un besote y gracias siempre por estar ahí.

Carmen

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Fotografía Marina Dorado